martes, 2 de diciembre de 2008

La casa de Jung en Bollingen

Publicado originalmente el 25 Dec 2006 22:51

En abril de este año fui a dar un taller de sueños en Pontevedra. Ana, la organizadora me dejó en la mesita de noche un libro que supuso que me gustarí­a mucho: "Recuerdos, sueños y reflexiones" de Carl Gustav Jung. Estuve hojeándolo y me atrapó. Traté de conseguirlo en las librerí­as de Compostela pero estaba agotado, así­ es que tuve que pedir una edición en inglés a través de Amazon.

Sin duda es uno de los mejores libros que he leí­do en mi vida y uno de los que más he disfrutado pues me permitió descubrir cosas interesantí­simas sobre la vida de uno de los hombres que más admiro, como sus experiencias mí­sticas, los recuerdos que tuvo en su infancia sobre su vida pasada, sus sueños premonitorios sobre la segunda guerra mundial, la comunicación que estableció con su guí­a Filemón, sus experiencias cuando estuvo clí­nicamente muerto y la depresión que sufrió al tener que regresar a la estrechez de la vida en el plano material para concluir sus obras ¡

Aprendí­ muchí­simo de él, me sentí­ muy identificada con su froma de ver la vida y quise estudiar más a fondo sus obras sobre la alquimia. Me prometí­ que algún dí­a visitarí­a su casa en Bollingen, la cual describe en uno de los capí­tulos del libro como una extensión de sí­ mismo o como la obra que resume sus obras, ya que en el transcurso de su vida fue añadiendo espacios y objetos que conmemoraban nuevas etapas de su vida.

Gracias al magnánimo Universo y a mi amiga Claudia que me invitó a dar un taller de sueños en Zurich en octubre, mi promesa de visitar la casa de Jung en Bollingen se hizo realidad mucho antes de lo que me imaginaba, aunque las cosas no fueron como yo esperaba ¡

Bollingen

Supuse que en aquella casa estarí­a su maravillosa biblioteca alquí­mica, con la cual también soñó premonitoriamente años antes de reunir uno a uno sus antiguos volúmenes. Supuse que estarí­a abierta al público, supuse que serí­a fácil llegar a Bollingen y supuse que serí­a fácil visitarla. Falté a uno de los cuatro acuerdos toltecas (NO HAGAS SUPOSICIONES) y supuse muchas cosas que no ocurrieron, jeje ¡

Después de dar el taller en Zurich, la mañana del lunes 30 de octubre Claudia y yo nos fuimos a la oficina de turismo para preguntar cómo llegar a Bollingen. No sabí­an y nos mandaron a preguntar a la estación de tren ¡ aquí­ empezamos a sospechar algo, pero aún así­ nos lanzamos a la aventura y viajamos al pueblo más cercano a donde llegaba el tren y allí­ tomamos un autobús que nos dejó a media hora del idí­lico pueblito, al que tuvimos que caminar siguiendo la costa del precioso lago de Zurich.

Lago Zurich

Cuando concluimos el agradable peregrinaje y llegamos a Bollingen, una pareja de jubilados le informó a mi amiga Claudia que la casa de Jung pertenecí­a a sus familiares y no estaba abierta al público.

Lago Zurich

Claudia me tradujo la conversación y miré con desilusión la casa amarilla que a lo lejos señalaban los viejitos:

La casa de Jung

Decidimos caminar hacia allá y ver si acaso encontrábamos un amable jardinero que en las fantasí­as de mi amiga nos abrirí­a las puertas de la casa para que la viéramos después de que le contáramos que vení­amos desde muy lejos sólo a verla.

Casa Jung

Pero el amable jardinero brilló por su ausencia y tuvimos que conformarnos con sacar fotos clandestinas tipo paparazzi.

Claudia paparazzi

Que nada nos mostraron del fantástico interior…

Así­ es que, ya resignadas, paseamos por los maravillosos alrededores imaginando que seguí­amos los pasos de Jung.

Junto a la casa de Jung

Sabiendo que mirábamos lo que en sus dí­as miraron sus ojos y que nos inspirarí­an los mismos espí­ritus de la naturaleza que en su dí­a lo inspiraron a él…

Lago Zurich

En cuanto salimos de Bollingen me empezó a doler la cabeza. Fue un dolor leve que Claudia me ayudó a desvanecer usando una técnica de visualización.

En el vuelo de Zurich a Santiago de Compostela analicé la imagen que escogí­ para representar el motivo de mi jaqueca: una vaca. Llegué a la conclusión de que me sentí­a culpable por no seguir la lí­nea de investigación jungiana y por estar buscando en la teosofí­a y en otras fuentes ocultistas y esotéricas explicaciones para sueños mí­os que van más allá de los parámetros explicativos propuestos por Jung.

Así­ es que le escribí­ una carta al espí­ritu de Jung agradeciéndole todo lo que he aprendido de él y comentándole que en realidad quise ir a su casa para entrar simbólicamente al interior de su obra y encontrar allí­ alguna pista o más bien algún "permiso" suyo para convalidar de alguna forma mis propias hipótesis sobre los sueños ahora que estoy escribiendo un libro al respecto. Le pedí­ que ahora que ya está muerto y conoce lo que hay en otras dimensiones, si es que las hay, me contestara por favor en un sueño algo que puediera darme pistas o responder de alguna forma mis inquietudes.

Esto fue lo que soñé:

Hay una pareja. El hombre va a recibir un premio relacionado con la justicia y espera nervioso el acto de reconocimiento. La mujer está afuera, muy nerviosa por él. Ella acaba de recibir un premio por su pelí­cula.

Después hay otra escena en donde no dejan entrar al esposo, para que no se entere de que la esposa ha sido infiel. Ella sale con el cabello mojado y lleva a su hija de la mano. La mujer infiel soy yo. Alguien dice que mi padre tiene una casa en el lago y yo he estado allí­ con el amigo de mi esposo. Esa persona que lo dice está muy enojada y quiere desenmascararme frente a mi esposo (que es Jung) ya que es su ayudante.

Ahora la escena cambia a una caverna bajo el agua, donde hay espacio para respirar. Es de noche. Jung calma a su ayudante y le dice que todo está bien y se reúne con los infieles. Se ve que el hombre es amigo suyo y Jung está al tanto de todo. Yo pienso que lo dice porque nuestro matrimonio fue concertado y él se imagina que yo amo al otro hombre.

El sueño es muy claro, estoy casada con las teorí­as junguianas sobre los sueños, pero también amo las teorí­as esotéricas, esto me pone nerviosa ya que estoy buscando una aprobación para mi nuevo libro, como la que ya tengo con mis talleres, porque hay una parte de mi conciencia que no le parece bien esta mezcla, ¡pero Jung (o la parte en mí­ que representa la lí­nea junguiana, si no era realmente el espí­ritu de Jung quien me visitó en sueños) dice que no hay problema! Así­ es que ya tengo su bendición (o mi propia bendición) para seguir con mi lí­nea doble de investigación.

¡Gracias querido Universo, gracias querido Jung, gracias queridas amigas Ana y Claudia!